domingo, 15 de enero de 2012

Kate (un manifiesto)


Breve reflexión sobre la carta de Kate...


Generar polémica requiere poco más que una exageración. Pero para cada polémica en ebullición suele haber algo encubierto; algo para lo cual la fascinación que genera la controversia resulta ser solo una coartada. Además de facilitar que se ventile cierto malestar, cada polémica contiene en su trama una serie de factores angustiantes. Esta angustia es su motor. Kate del Castillo no tiene intenciones de legislar en nuestra nación, como tampoco necesita más ratings ni dinero. Tampoco pretende ser una académica, historiadora o analista política. Sus opiniones son solo eso, opiniones, y merecen ser leídas como tal. El pasado 10 de enero, la afamada actriz publicó en su cuenta de twitter una carta que es una especie de manifiesto personal (http://twextra.com/a4t17t). Con más de 400,000 seguidores y sus provocadores comentarios, la carta no tardó en convertirse en el trending topic del día, para luego proliferar en periódicos y cadenas de televisión. Aún no deja de ser comentada; alguna fibra logró tocar. La viralidad de la información permite observar los patrones de diseminación de la ideas. Aunque tantos de estos oleajes informáticos resultan efímeros, por instantes exhiben aquello que los mueve: las pulsiones humanas.

De tales pulsiones está atravesada la carta de Kate, que comienza diciendo “Hoy quiero decir lo que pienso y pues al que le acomode bien”. Nada más: su personal y subjetiva percepción en un desplante. Sí bien es ingenua en tanto de lo que formula —¿quién no lo es?—, su sinceridad y audacia han sido refrescantes. Lo curioso es la reacción que ha causado por lo mismo, por quienes ella dice “me juzgan y señalan pero también me exigen y me aplauden”. En respuesta a su carta pública resulta mucho más común quien la desprecia y alaba en automático que encontrar un buen análisis de sus declaraciones, o acaso la indiferencia. Se asume tan prontamente que siendo una mujer atractiva y exitosa, entonces debe ser tonta. Puede que lo sea, pero no por ser atractiva y no por la amenaza velada que esto presente para el lector. Así las discusiones han resultado infértiles, tratando con su redacción, la autenticidad de sus sentimientos, y su nivel de “cultura”. De nuevo topamos con esa versión de la cultura que es poco más que el magro territorialismo de algunos intelectuales. Si bien no son lo mismo en sus contenidos y desarrollo, la cultura es por igual una obra maestra del siglo XIX como el refrito de una telenovela en Univisión. Tanto remite este desacierto cultural, donde aún se sitúa lo abstracto por encima de lo palpable, a aquella frase de Oscar Wilde: “La gente dice que la Belleza es superficial. Puede que lo sea. Pero al menos no es tan superficial cómo lo es el Pensamiento. […] El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”.

En dicha carta pública, la actriz anuncia su incredulidad ante la religión, la política y la monogamia. En los mejores fragmentos se muestra empiricista, en un intento respetable por confiar en su propia experiencia más que en alguna autoridad.  Dice “Creo en lo que siento y es por eso que creo en el miedo, me mantiene alerta, todo lo que experimente con mis 5 sentidos es lo que importa, lo que es real”. En otros tramos suena más bien solipsista: “Creo en mi y en mi única verdad, porque soy con quien tengo que lidiar cada segundo, aparte de mi, creo que no creo…". ¿Pero quién puede negar ser un poco solipsista? Si bien hay un cierto anacronismo en su liberación sexual y religiosa, el modo en que busca romper con la doble moral es, creo yo, parte de lo que tanta angustia provoca en su carta. Veamos: “Adoro la primera vez de todo. Por eso creo que no importa cuánto ame a mi pareja necesito sentir eso que se siente las primeras veces […] necesito esa sensación a la cual soy adicta.”

                               

La carta no propone certezas más allá de las que ella articula para sí misma desde sus vivencias. Sin embargo, sí plantea preguntas sobre temas relevantes, mientras admite con frecuencia sus desaciertos y la posibilidad de cambiar de opinión. Es un texto si bien no basado en una investigación rigurosa (que no pretende), sí uno con congruencia dentro de sus propios planteamientos. Es un credo romántico: “Nací desnuda sin leyes ni religión, esas las crea el hombre, como la Biblia y tengo la ligera sospecha de que se la inventaron solo para seguir la manipulación y lucrar a favor de unos cuantos.” Esta es una de las concepciones que me parecen menos atinadas de Kate, porque al nacer ya hay instituciones sociales que duran más de lo que nosotros, tal como hay un lenguaje que al nacer tiene ya nombre para los objetos que nos rodean y para nosotros. Es una común lectura fallida de la obra clásica de Freud: El Malestar en la Cultura. En tal malinterpretación se cree que nuestras pulsiones son puras y el mundo que las regula es maldito (o viceversa). Freud es certero: las leyes que reprimen nuestras pulsiones son creación de estas mismas pulsiones.

Otro de los puntos extraños es cuando menciona, con aires de teoría de conspiración: “No creo en las enfermedades porque he aprendido como sus curas me han sido negadas, escondidas”. Un planteamiento común tanto en los Expedientes Secretos X como en las recientes declaraciones que hace Hugo Chavez sobre su cáncer como parte de un complot. Pero de nuevo, la actriz ofrece cada una de estas autoafirmaciones, como lo que ella ‘cree’ o ‘no cree’ y nada más. Sin embargo la reacción de censura por gran parte de sus lectores muestra no solo una sobre-interpretación de la carta, pero también el modo en que confunden a la actriz con sus personajes en telenovelas, películas y más recientemente con su papel en la serie La Reina del Sur. Que a ratos parece confundir ella también.
                                         
La carta es además una declaración pragmática, donde se entrevé un espíritu Nietzscheano y Maquiavélico: “La vida es un negocio, lo único que cambia es la mercancía, ¿qué no?” Alude así a una economía libidinal, a la serie de motivaciones humanas que mueven al mercado y se enmarañan en éste. Se lee una voz que no surge de la misma indignación que tanto se oye a diario y tan ineficiente resulta; sino que habla desde un sitio donde la praxis, y no la moral, sirve de guía. Aunque resulta contradictorio que tras descartar tantas instituciones y deidades falsas, erija al Chapo Guzmán como un Santo que intervenga, su lógica es consecuente: si vivimos bajo el flujo del capital, pues vayamos con los gerentes del negocio más redituable del mundo, a ver si se animan. ¿Acaso difiere tanto su llamado a la intervención generosa de aquel aclamado discurso de Denise Dresser en el foro “México ante la crisis”?  
                                                

Ambos casos reminiscentes de aquella obra teatral ‘El Diablo Tentado’ de Giovanni Papini, donde Virgia, instiga al diablo para que haga sus tretas por una causabenévola. Así, la protagonista de Muchachitas, busca persuadir al narcotraficante: “¿SR. CHAPO, NO ESTARIA PADRE QUE EMPEZARA A TRAFICAR CON EL BIEN?”, mientras lo exhorta a incinerar prostíbulos y (una muy bizarra) a hacer algo porque los ancianos puedan echarse unos tragos en los asilos. Kate, después de tanto descartar todas las normas va en busca de una Ley y alguien que la encarne. Es paradójico.

La actriz no está obligada a mostrar una retórica impecable, tanto como no tiene por qué exponer un sentido de responsabilidad social. Ni siquiera tiene por qué ser congruente. Su argumentación es consistente, y además su texto fue placentero de leer, que es más de lo que puedo decir de tanto de lo que circula en los oleajes informáticos que deambulan por nuestra cultura.

                                  

5 comentarios:

Nix Weekroots dijo...

Me gusta bastante lo que escribiste. No hay por qué juzgar, además no deberiamos olvidar que estamos frente a una opinión, ella está ejerciendo su derecho de expresión y lo que dice, aunque no sea filosófica o literariamente perfecto, es honesto. Es una reacción de inconformidad hacia el mundo en que vivimos, una señal de vida y de búsqueda de criterio, algo que me parece bastante bien.

fausto dijo...

venga, Nix! gracias por tus comentarios... Saludos. Ahora me doy un rol por tu blog.

Las Horas dijo...

Pues sí, refrescante la carta de Kate y aún más tu texto.

Pero eso sí... ¿hasta ahora sale con sus inconformidades? Bienvenida al club querida.

Saludos.

Manuel Guillén dijo...

Lo más relevante de este caso (que, por ejemplo, LA PRENSA cabeceó a ocho columnas "¿DE CUÁL FUMÓ?") es que revela un estado de sentimiento de impotencia por parte de la ciudadanía en nuestro país. Por eso no es raro que a la menor provocación los embelesadores (principalmente políticos y religiosos) hagan de las suyas entre las grandes masas.

rodrigo a dijo...

mi intuición femenina me dice que te quieres ligar a kate....